Columnistas

Pechi Quiroga y el síndrome del 15%

Por Daniel Olivera
Director de El Neuquino

"Pechi" Quiroga nació hace 64 años en San Martín de los Andes, y cada vez que puede se jacta de lo afortunado que es por haber nacido en esa comarca un tanto "especial". Sólo que el destino político 2019 parece ensañado en mostrarle su peor cara. Como si en vez de SMA hubiera nacido en Epuyen, el poblado chubutense que parece condenado por las pestes bíblicas (foco central del hantavirus y ahora arrasado por incendios voraces).

Los últimos tres meses políticos de Pechi fueron una desgracia atrás de otra.

No es una exageración. Veamos.

La interna del MPN no fue la "carnicería" que él preveía; es más, el gobernador Gutiérrez triunfó con amplitud y Rolo Figueroa el vice derrotado, después de unos días de furia, reflexionó. No sacó los pies de la fuente (plato es una figura demasiado modesta para un partido que retiene el poder provincial desde 1962) y hoy hace de gobernador interino sin levantar sospechas. En síntesis, salvo alguna figura menor (como Manganaro), Pechi no pudo pescar en el océano emepenista. De hecho, hasta tuvo que modificar su estrategia discursiva-publicitaria (hay papers redactados en Buenos Aires que así lo certifican), basada en hablar bien de los padres fundadores del MPN (don Felipe y con Elías) y buscar atraer a su lista a apellidos "históricos".

Para cuando Pechi cayó en la cuenta que poco y nada lograría en el amplio espacio del partido provincial, buscó dar un volantazo a su campaña. Como? Dando un clásico golpe de efecto mediático. La recomendación fue que pagara a precio sobrevaluado, una nota en Infobae, el diario web más exitoso en influyente de la Argentina. 

Una entrevista con cinco ceros de respaldo en el diario de Daniel Hadad le daría el vigor necesario a una campaña fláccida. Pero otra vez algo falló. 

Será que nadie podía creer que Quiroga iba al tope de las encuestas (la pluma se fue de mambo) como surgía de la nota, o simplemente que no estuvo ni el tiempo ni en el lugar correcto del portal, y asi el esfuerzo monetario se echó a perder. A la semana, siendo generosos, nadie registraba la incursión de Pechi en Infobae. Ni siquiera en las usinas de Marcos Peña.

Y ya que estamos en el Core del esquema político oficialista, repasemos las desventuras de Pechi en esa tierra inasible para él.

Por empezar, Cambiemos ya no es lo que supo ser. Cada día que pasa es más PRO. Y el PRO es como un erizo de mar: es en términos políticos un sistema inmune no basado en anticuerpos.

Si lo traducimos, en el PRO hay que ser y después parecer. Si no se "es" del Newman (aún con las denuncias por pedofilia que tiene que expiar) no se pertenece. Si no se tiene un MBA en alguna universidad de USA o Europa, tampoco. Si no se ostenta haber sido CEO de alguna corporación, todo está en duda para ese grupo cerrado de pensamiento. Y el CV de Pechi es demasiado pueblerino para ser considerado un "par".

Esto significa que en el PRO le hacen bullyng a "su" hombre en Neuquén? No explícitamente, pero cuando tuvieron que elegir un intendente para colgar en el cuadro de honor como en las universidades americanas, Peña eligió al intendente de Cipolleti, un rubio de apellido italiano pero con chapa de empresario winner. Si encuentran alguna similitud con la realidad, por favor le avisan a Pechi.

Y después le cayó la estantería de un enero fatal. El Presidente, la primera Dama y la petit Antonia de vacaciones en el hotel más paquete de la Angostura. Y comenzaron a sucederse los días, uno tras otro, y no sonaba el teléfono en la avenida Argentina. Y comenzó la ronda de rumores envenenados. Que Macri no quería salir a respaldar en público a un candidato que iba tercero en las encuestas, y maldades por el estilo. 

Y cuando por fin logró Pechi atravesar la puerta de cristal, el fotógrafo (siempre hay un fotógrafo en política) no pudo capturar ese abrazo ansiado por Pechi. Es más, Macri parecía más distante que en su recordado encuentro con el Papá Francisco en El Vaticano. Esa imagen lo debe haber golpeado duró a Pechi. Todo lo dulce que Puede ser el Presidente con otro ser humano, se lo había gastado en la visita de la Reina Máxima. Para él, para Pechi, quedó el deshielo de una foto desangelada.

Si algo faltaba para completar un enero aciago, Pechi recibió (y encima tuvo que poner el emoticón de alegría) dos mazazos en formato de medidas "institucionales". De esas que no se pueden ignorar.

Primero fue la mesa directiva del PRO, que como si fuera el Politburó soviético le impuso a todos los candidatos a gobernadores, la inhibición explícita para buscar otro cargo en futuras elecciones en 2019. Adiós al sueño de buscar premio consuelo en una diputación o senaduría nacional, o un intento desesperado por aferrarse al poder municipal. Y todo bajo la excusa de una supuesta transparencia.

Y aún cuando el golpe aún no había sido asimilado, llego la resolución 46, ajustando a los dictados del Fondo la antigua promesa en formato de subsidios generosos a las petroleras para la extracción de gas.

Encima, en el caso de los subsidios, por estas horas Pechi tuvo que salir a poner la cara para defender a "su gobierno", más sólo que loco malo.

Pero lo peor, si es que está retahíla de infortunios no pueden considerarse suficientes, fue que desde el pasado remoto le surgió el fantasma del Indiana Jones neuquino. Si. Un setentón casi jubilado Jorge Sobisch se movió desde la poltrona de su imprenta y de la nada (habrá que ver si ese rapto de interés político no fue inducido) mandó un mensaje certero: quiere jugar al juego que mejor juega y que más le gusta. Ser el más derechoso de la cuadra y sumar votitos que le birla al pobre Pechi. 

¿Cuántos votos le roba Sobisch? Por ahora los suficientes para dejarlo en unos escuálidos 15 puntos. Con esos números hoy Pechi no puede pelear, no ya la Gobernación (Gutiérrez se viene afirmando), sino el segundo puesto. Rioseco montado en el potro de la unidad forzada por Cristina desde el Instituto Patria, le sacó algunos cuerpos de ventaja.

Y sólo falta poco más de un mes. Mucho tiempo para desangrarse y poco para remontar la cuesta.

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