Columnistas

Lecciones de la historia económica: Argentina y el G20

Por Lic. Pablo Benitez Jaccod
Presidente de la Fundación Progreso y Libertad

Por Pablo Benítez Jaccod, Presidente fundacion progreso y libertad 

La posibilidad que ofrece la realización del G20 para nuestro país, a la hora de firmar acuerdos de inversión y comercio que fortalezcan los vínculos de la Argentina con el mundo, invita a reflexionar sobre qué tipo de política exterior comercial necesita el país para salir del subdesarrollo. La Política Exterior Argentina, en su conjunto, mínimamente necesita un horizonte de 20 años, ante la comunidad internacional, para gozar de credibilidad. La razón es que poseemos un historial irresponsable, es por eso que importa mostrar un perfil que trascienda el gobierno de turno y tenga los mayores consensos posibles. No cualquier consenso traerá buenos resultados, en nuestra historia económica hemos tenido experiencias con resultados variados. La exitosa Generación del 80 comprendió que, para un país pequeño, inestable, desértico y carente de infraestructura más cerca del polo sur que de los centros económicos de importancia, desconocer o no poseer vínculos preferenciales con la superpotencia del momento, como fue Gran Bretaña, implicaba quedarse a la intemperie, sin ancla en el mundo, desenchufado de la corriente mundial del comercio y la inversión.

A principios del siglo XX, la participación de las exportaciones argentinas llegaron a representar el 2,25% sobre el total de las exportaciones mundiales, números que de haberse mantenido hoy nos posicionarían a la altura de Canadá. Este país en el 2017 exportó por unos u$s 420.861 millones y posee actualmente una participación similar a la que detentaba la Argentina en aquel comienzo de siglo, un 2,3%. En el 2017 las exportaciones argentinas representaron el 0,3% de las exportaciones mundiales, unos u$s 58.427 millones. Dato no menor es que gracias a esta idea de inserción el ingreso per cápita argentino, en el período 1910/14 llegó a representar el 82% del norteamericano. El otro enfoque tiene su génesis en las ideas del peronismo y la fallida visión del futuro económico de posguerra. La elite gobernante de aquellos años creía que Argentina tendría poder de negociación frente a las grandes potencias y que éste aumentaría en caso de una eventual tercera guerra. Se institucionalizó el proteccionismo "radical" de las industrias orientadas al mercado interno, es decir el modelo (ISI) industrias de sustitución de importaciones.

En pocos años la Argentina se convirtió en una economía muy cerrada al comercio mundial, el arancel promedio de Argentina en la década del 60 era del 131%, Brasil exhibía uno del 168% y México del 61%, en comparación con el arancel de la Comunidad Económica Europea, el cual era tan sólo del 13%.

A pesar de que el periodo de posguerra mostró tasas espectaculares de crecimiento a nivel mundial, las ideas autárquicas y nacionalistas, tanto en económico como político, tenían una amplia aceptación en las diferentes fuerzas políticas, que no sólo coincidían con su adhesión al modelo de sustitución de importaciones sino también en su rechazo a los Estados Unidos y los beneficios de la globalización.

La Argentina fue fervorosamente adherente a la idea de "Tercera posición" después de 1945 y posteriormente se hizo miembro del Movimiento de los Países No Alineados. En el documento titulado "La hora de los pueblos" de 1970, agrupación interpartidaria integrada por radicales, peronistas, demócratas cristianos, socialistas y algunos partidos menores, se coincidía en que la Argentina debía llevar "una política internacional independiente, orientada a terminar con el colonialismo, combatir el imperialismo, promover la integración latinoamericana para enfrentar a los grandes centros de decisión internacional". La participación de las exportaciones Argentina sobre el total de las mundiales languideció fuertemente, en 1950 representaban un 2,26%, en 1973 un 0,64% y en 1990 quedaron relegados a valores cercanos a los actuales, un 0,4%. Un fracaso histórico de "des-desarrollo" mundial, no debidamente comprendido por la dirigencia actual.

Volviendo a la actualidad, el G20 en la República Argentina implica la posibilidad concreta de materializar acuerdos con el 85% del producto bruto global, dos tercios de la población mundial y el 75% del comercio internacional. Esto no es algo aislado, hay un cambio interesante en la idea de inserción internacional del gobierno de Cambiemos, en tres años habrán visitado la Argentina dos presidentes de la primer potencial mundial (Obama y Donald Trump) y a nivel latinoamericano la Argentina busca acercar al Mercosur la Alianza del Pacífico (México, Chile, Colombia y Perú), es decir a la América Latina "globalizada".

Este bloque constituye la octava potencia exportadora a nivel mundial. En América Latina y el Caribe, el bloque representa el 37% del PIB, concentra 52% del comercio total y atrae el 45% de la inversión extranjera directa. En conjunto conforman una plataforma de acceso a los principales mercado mundiales, ya que cuentan con una enorme red de tratados de libre comercio con el Sudeste Asiático y Norte América.

Es transcendental comprender la importancia de la solidez de las instituciones (transparencia, moneda sana, impuestos, infraestructura, mercado laboral, derechos de propiedad) entre otros. La solidez o mejoría de los indicadores internos es condición imprescindible para producir más, los acuerdos comerciales con el mundo buscarán dar estabilidad y credibilidad a las reformas estructurales necesarias para un eficaz proceso de inserción.

Esto último es sumamente importante ya que la vinculación externa de un país no sólo depende de su política exterior (entendida como el ámbito tradicional de la Cancillería). Si el resto de las áreas no contribuyen a optimizar la inserción de la Argentina en el mundo, poco importará el profesionalismo de la Cancillería. Las lecciones de nuestra historia económica son contundentes, seguir probando versiones aggiornadas del modelo de sustitución de importaciones implicará seguir pauperizando el nivel de vida de la sociedad.

Implica la posibilidad concreta de materializar acuerdos con el 85% del producto bruto global, dos tercios de la población mundial y el 75% del comercio internacional.

Los acuerdos comerciales con el mundo buscarán dar estabilidad y credibilidad a las reformas estructurales necesarias para un proceso de inserción.

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