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Le detectaron un linfoma, superó una recaída y cumplió su sueño

(Por Alejandro Gorenstein para La Nación) "Hace mucho no paso por aquí, pero siempre voy a estar agradecida por el apoyo, la contención, el ánimo y todos los mimos que este hermoso grupo me dio cuando más lo necesité. Hoy ando de festejo y me parece más que justo compartirlo con ustedes. Estoy cumpliendo en este día mis 5 añitos post auto trasplante de médula después de mi recaída de LNH. Gente: para los que la están viviendo ahora les digo que no bajen nunca los brazos porqué después de ese difícil momento, porque es solo un momento, sigue la vida tanto o más linda que antes, eso corre ya por nuestra cuenta. Les dejo un abrazo gigante de esos que transmiten la más linda energía!!! Vamos guerreros que nadie los para".

El 5 de mayo pasado Loli Cabanillas (37) decidió compartir estas palabras tan motivadoras e inspiradoras en el Facebook de Linfomas Argentina, una asociación civil sin fines de lucro de pacientes y familiares de pacientes con linfoma, mielofibrosis y síndromes mielodisplásicos en la Argentina. Después de todo lo que había transitado necesitaba tomarse un respiro para comentar esa noticia tan importante para ella que tuvo mucha repercusión dentro de ese grupo de pares que integra. 

"Andá tranquila que no tenés nada"

Para octubre del 2011 Loli se encontraba trabajando como asistente de dirección en una productora de televisión. Tenía 29 años y vivía con sus padres en una casa grande en Del Viso, en la provincia de Buenos Aires.

Una mañana notó que tenía inflamadas las venas de las manos y del cuello.

-Estas mujeres que siempre se miran tanto -le dijo el médico que la atendió en una guardia.

-No doctor, yo no soy así -le respondió.

-Andá tranquila que no tenés nada.

Como no había quedado para nada conforme con la atención, Loli decidió ir a otro sanatorio donde le realizaron una radiografía de tórax porque le había salido un bultito en el cuello. "El mediastino está blanco. Esto puede ser presión en el pulmón o cáncer", le dijo uno de los médicos. Loli y su mamá se quedaron petrificadas.

Esa misma semana se encontraba en medio de una grabación de un programa que estaba haciendo para canal 9 cuando, de repente, comenzó a sentirse tan mal que no tenía fuerzas para subir unas escaleras. Inmediatamente, la trasladaron al Sanatorio Las Lomas, en San Isidro, donde luego de realizarle unos estudios le comunicaron que padecía un linfoma no Hodgkin, un cáncer que comienza en los glóbulos blancos llamados linfocitos que forman parte del sistema inmunitario del cuerpo.

Le daban apenas unos días de vida

"Me dijeron que tenía que empezar quimioterapia de manera urgente. En un momento comencé a sentir que no podía respirar y como tenía líquido en el corazón y en los pulmones me colocaron un respirador durante 10 días en los que estuve en Terapia Intensiva", recuerda.

Durante ese lapso los médicos le habían comunicado a su mamá que el cuadro de Loli era tan grave que apenas le quedaban unos días de vida.

Sin embargo, la hematóloga Ana Varela se animó a probar con una quimioterapia muy fuerte para detener la enfermedad. Su rápido accionar le terminó salvando la vida a Loli que a los 10 días pasó a Terapia Intermedia y más tarde a una habitación común. Permaneció internada un mes hasta que luego le dieron el alta.

-Vos sos nuestro orgullo, pensábamos que no ibas a estar acá -le dijo el director del sanatorio cuando se estaba yendo junto a su mamá.

-¿Por qué? -le preguntó Loli.

-Es que te dábamos unos pocos días de vida -le respondió.

Empatía y solidaridad

Una vez que volvió a su casa Loli debió someterse a otras cinco sesiones de quimio para terminar el ciclo. En medio de la recuperación comenzó a investigar en Internet sobre su enfermedad, quería conocer con mayor profundidad qué era lo que había padecido. Y de esa forma llegó a la página en Facebook de Linfomas Argentina Asociación Civil. La Dra. Haydee Alicia González, Presidente y fundadora, fue la persona que le dio la bienvenida a través de esa red social.

"Desde ese momento sentí esa contención que necesitaba y enseguida fui conociendo a otras personas que también habían atravesado la misma enfermedad. Empecé a vincularme con chicas que estaban hacía muchos años en ese grupo y se ponían al pie del cañón contestando todas las preguntas que les hacían otros pacientes. Me sentí muy apoyada al formar parte de ese grupo de pares".

Recaída

Para diciembre del 2014 Loli estaba grabando una novela para la productora de Andrea del Boca. Una noche, mientras veía en su departamento de Flores una de las películas de Harry Potter, comenzó a sentir dolores muy fuertes en la panza. Inmediatamente, la llamó a su mamá para que la fuera a buscar porque no se podía mover. Su mamá la llevó al hospital más cercano donde la colocaron en una camilla y le pusieron suero.

-Te doy una Buscapina -le dijo un médico.

-No, no, esto me duele mucho -le contestó Loli.

-Te doy una Buscapina endovenosa -insistió el doctor.

-Pero te digo que me duele mucho, no creo que me ayude este medicamento.

-No te preocupes, mañana a la mañana llegan para hacerte una ecografía -le dijo el médico cuando el reloj marcaba las tres de la madrugada.

Loli conversó brevemente con su mamá y decidió firmar la salida porque no podía esperar hasta el día siguiente ya que los dolores eran cada vez más intensos. Entonces, se fueron nuevamente hasta el Sanatorio Las Lomas. En ese momento tenía mucho dolor en el hombro y tras someterla a unas pruebas le comunicaron que esas molestias eran un reflejo ya que se le había perforado el intestino. Estaba sufriendo una recaída del linfoma.

Por esa razón debió realizarse un auto-trasplante de médula que se llevó a cabo en el Hospital Austral. "El 5 de mayo me reincorporaron mis células, ese día vino un médico y me dijo que iba a ser la fecha de mi segundo nacimiento. Estaban otros doctores y me cantaron todos juntos el feliz cumpleaños junto con mi mamá y con mi papá. Yo sentía que estaba naciendo de nuevo, estaban todos a mí alrededor mientras yo veía como a través del suero las células volvían a entrar a mi cuerpo. Me hicieron sentir como una reina, como una super heroína, eso me dio mucha confianza para seguir adelante", recuerda, emocionada. A los 11 días le dieron el alta y volvió a su casa.

Benvindo a Buzios

Para febrero del 2016 Loli se fue con una amiga de vacaciones a Brasil en un crucero que tenía a Buzios como primer destino. "Bajamos en la playa de Joao Fernández y fue instantánea la sensación de sentirme en casa: estaba la marea alta y yo, con mi metro cuarenta y nueve, llegaba al morro, al agua y a las piedras, tenía todo al alcance de mi cuerpo. En ese momento le dije a mi amiga que me quería quedar a vivir ahí".

Tras una semana en Brasil Loli regresó a Buenos Aires.

-Quiero irme a vivir a Buzios -le dijo a sus padres.

-Bárbaro -le contestaron al unísono.

Enseguida, comenzó a hacer un curso de portugués intensivo de un mes en el consulado brasileño en Buenos Aires. Estaba convencida de la decisión que estaba a punto de tomar.

Una noche se metió en Facebook en una página de argentinos que viven en Buzios y conoció a una chica que estaba a punto de viajar. Se hicieron amigas y decidieron alquilar juntas una casita de dos habitaciones en Tartaruga.

"Me llevé todos mis ahorros, pero no sabía de qué iba a trabajar porque solo había estado cinco horas en Joao Fernández. Me recibieron mi amiga y un amigo de ella y me dijeron que estaban haciendo unos ravioles para darme la bienvenida. Había muchas personas esperándome, comí con ellos y más tarde fui a conocer la casa en donde iba a vivir".

¿Amor a primera vista?

Durante los primeros días en Buzios Loli vendía paseos en las diferentes playas, algo que suelen hacer muchos argentinos que se van a vivir a ese hermoso pueblo de pescadores.

-Vos sabés mucho de imágenes, tenés que ser una de las fotógrafas de las empresas que trabajan con los turistas -le propuso un amigo.

-La verdad que es una buena idea, voy a comprarme una buena cámara y voy a aprender a usarla -le contestó.

A los pocos días empezó a trabajar en los barcos que organizan los paseos por las distintas playas e islas tomándoles fotos a los turistas. "De esa forma me empecé a enamorar de Buzios, de la solidaridad de la gente, somos 8000 argentinos en una población de 30.000 habitantes, hay un mate cada dos casas y eso ayuda mucho. Me gustó mucho el hecho de poder volverme de noche caminando por la calle y los saludos de la gente a toda hora del día. Estar en el mar de Ferradurinha, en Arraial Do Cabo, hacer fotos debajo del agua, esto te cambia la energía".

"Mis viejos son todo"

Estando de visita en Buenos Aires leyó una publicación en Facebook sobre un profesor de tango argentino que daba clases en Buzios. Si bien había bailado ese ritmo muy pocas veces, enseguida se sintió como una más del grupo. "Es un grupo de argentinos con quienes armamos una movida hermosa. Somos una familia porque allá es como que todos somos huérfanos porque estamos solos, los que lograron construir una familia son los menos. Tengo amigos de todas las edades. Se arma una contención que no la vi en ninguna parte, confiesa.

Además del tango, hace poquito tiempo Loli se animó a incursionar en el surf formando parte de la escuela Na Onda De Elas.

Una vez por año Loli viaja a Buenos Aires para visitar a sus padres aprovechando la fecha de baja temporada en Brasil para poder estar más tiempo con las dos personas que más ama en este mundo. "Mis viejos son todo, al no tener casi familia somos muy unidos, nos movemos para todos lados juntos. Mi vieja es mi mejor amiga, es la primera que se entera de todo lo que me pasa y mi viejo estuvo siempre al pie del cañón. Los dos fueron los pilares fundamentales para mi recuperación, siento que les debo todo a ellos", llora Loli.

A poco de cumplirse los cinco años del autotrasplante Loli recibió, estando en Buzios, la noticia de que su doctora le había dado el alta. Esa noche se fue sola a la playa. Y lloró mucho. Se trataba de un llanto de alivio, de felicidad, de esperanza y de alegría.