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Por qué hoy duele ser peronista

Por Raúl Aragón
Consultor político, analista de Opinión Pública, director de Raúl Aragón & Asociados

La mayoría de la dirigencia peronista, con algunas excepciones, ha fracasado en cumplir su mandato fundacional. Esto es la defensa de los derechos de los trabajadores y de los desposeídos.

Desde la vuelta de la democracia aquella ha trabajado y trabaja solo en la disputa del poder.

Esta disputa la ha obligado a acordar con el poder de turno y acompañar políticas totalmente opuestas a su marco ideológico.

Como explicar un peronismo que acompaña la precarización laboral de los años noventa, la privatización de los recursos energéticos sin un control efectivo del cumplimiento de las cláusulas de inversión por parte de las empresas o la privatización de los aportes previsionales que después eran prestados al Estado a tasas superiores a las del mercado.

Como explicar un gobierno peronista compuesto por los mismo que Perón hecho de la plaza, que aumento diez puntos la pobreza o que nos dejo rehenes de los fondos buitres por un capricho ideológico.

Como explicar una dirigencia sindical que, por ejemplo, firma paritarias por debajo de la inflación prevista o gobernadores peronistas que mandan a sus diputados a votar la disminución de los haberes previsionales.

Al abandonar su compromiso histórico, la gran mayoría de la dirigencia peronista ha sido cómplice necesaria de la decadencia de nuestra sociedad. Y hoy carece de todo marco ideológico; ¿como explicar sino un peronismo que en los noventa fue neoliberal y en la "década ganada" fue populista?

Nuestra dirigencia peronista, desde la vuelta de la democracia, solo aspira al poder y cuando lo logra solo lo ejerce en función de incrementarlo y/o mantenerlo.

Y esto explica la fragmentación actual del peronismo: la lucha no es por los derechos de los trabajadores y la protección de los desposeídos sino por la conducción. Priorizan esto por encima de la unidad, unidad sin la cual nunca podrán imponer las políticas sociales propias del peronismo.

Invierten en proceso lógico. Pretenden definir primero liderazgos y después todo lo demás. Debería ser al revés: primero deberían entender, y aceptar, que ninguno de ellos tiene la estatura necesaria para unificar y liderar el peronismo por si solo. Aceptar que se necesitan mutuamente. 

Y en segundo lugar definir un proyecto político y un modelo de producción de conjunto (hoy la dirigencia peronista no tiene otro proyecto, digan lo que digan, que capturar el liderazgo) y por último elegir, no un "jefe" porque como dijimos antes ninguno tiene esa estatura, sino un "primus inter pares", alguien que represente el conjunto pero que este sujeto al escrutinio de sus pares.

Claro, esto requeriría un salto de madurez, algo así como un peronismo de adultos preocupados por el bien común y no una pelea donde al final todos pierden porque gana, otra vez, el neoliberalismo macrista.

Soy peronista, lo he sido toda mi vida y no dejare de serlo. Pero hoy, con esta dirigencia, me duele serlo.

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