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"Habrá que ver si el fenómeno Bolsonaro llega a la Argentina"

Periodista especializado en política internacional. Consultor


Mientras se confirmó el triunfo aplastante del derechista Jair Bolsonaro y la prensa argentina se preguntaba quién podía ser el clon vernáculo de este fenómeno, la frase "prueben trabajando" con acento salteño se colaba en las radios y canales porteños. ¿Será Alfredo Olmedo?, o Patricia Bullrich, o José Luis Espert, o Marcelo Tinelli y hasta algunos sugerían el propio Alejandro Biondini...

El huracán Bolsonaro no es otra cosa que la expresión brasileña de un fenómeno que empieza a ser global. Por algo en los círculos más cercanos al Salón Oval de la Avenida Pennsylvania se lo conocía cariñosamente como "the tropical Trump". Allí están más que felices por el resultado obtenido por el ex capitán carioca.

El triunfo del Brexit en el Reino Unido, del propio Trump en EEUU, de Matteo Salvini en Italia y el resurgimiento de la extrema derecha en otros países de Europa, parecieran responder a la misma tendencia. Una fuerte reacción de las mayorías a las frustraciones profundas que le han ido generando los sistemas políticos vigentes y sus eternas promesas incumplidas. 

El gran interrogante es si esa desilusión generalizada en prácticamente todas las democracias del planeta, pudiera implicar la aparición de un "elegido" que desde la nada irrumpa y se quede con todo en la Argentina del 2019. Para contestarlo, sería bueno tratar de desmenuzar primero qué se entiende por "outsider".

Más allá de tratar de describir este fenómeno desde lo ideológico o de calificarlo en base a consideraciones históricas y morales, debería señalarse que existen una serie de requisitos comunes e imprescindibles a cumplir para quien quiera posicionarse en este lugar. 

No sería conveniente haber ocupado cargos de gobierno, algo que lo vincularía al sistema político en jaque. Y si se lo hubiera hecho, debería tratarse de una experiencia disruptiva. Esto no implicaría que, como en el caso brasileño, pueda tratarse de un actor de larga data de la comedia política, aunque nunca con un rol central en el escenario. Siempre al margen y con posturas opuestas y en ciertas formas rebeldes. Una buena forma de medirlo es través de los prontuarios relativos a la corrupción institucionalizada tan común en nuestras democracias. Bolsonaro en Brasil fue un diputado eterno, pero para nada salpicado por los escándalos que están hundiendo a todos por igual. Una oveja negra o tal vez con una figura preferible para él, una mosca blanca.

Tendría además que romper de cuajo con el discurso políticamente correcto. La idea es mostrarse tal cual se es y mientras más polémico mejor. En este tema parecieran quemarse los viejos manuales norteamericanos que recomendaban construir verdaderos robots o autómatas, unas especies de Frankenstein armados en base a las encuestas y que sonrientes respondían frases agradables y adecuadas para congraciarse con cuanta minoría existente en el universo. Después, sus incumplimientos crónicos terminaban sacándoles la careta...Hillary, sus risas y posturas ensayadas y falsas que contrastaban con la sinceridad brutal del caballero del pelo naranja.

Los outsiders son criaturas que se alimentan y crecen con la critica, sobre todo si proviene de las principales usinas sistémicas: otros políticos, los medios tradicionales, las ONGs de moda y la academia. 

Esto implicaría contradecir otra consigna básica del marketing y la estrategia electoral, ya que no llegaría a lo más alto necesariamente quien intente agradar a todos por igual. Basta con transmitir con claridad el mensaje crudo y honesto a la base electoral y para eso las redes sociales alcanzan y sobran. Podría hasta resultar conveniente si los diarios y el resto de los medios instalados lo defenestraran. Cuando critican algunos actores influyentes y muy instalados en realidad alimentan. Lo mismo sucede con los comentarios negativos de representantes muy vinculados al sistema.

Hasta aquí cualquiera podría creer que el fenómeno en cuestión sería fácilmente replicable. Pero no. 

Se equivoca quien piense que lo que funcionara en Brasil sería automáticamente trasladable a otra realidad como la argentina. 

Eso sería como creer que Bolsonaro pudiera haber ganado con las consignas de Trump. En cada caso, el elegido debería llenar el vacío producido por la falta de respuestas del sistema instalado. Todo un desafío.

En la Argentina del año que viene muchos apuestan a la polarización entre el gobierno y la letra K, reeditando las batallas de 2015 y 2017, pero esta vez con Macri y Cristina, sus protagonistas centrales. Otros sugieren que va naciendo una alternativa que podría superar la ya algo desgastada grieta. La potente foto de Massa, Schiaretti, Pichetto y Urtubey, ilusiona a muchos con un retorno del peronismo moderado. Si alguna de estas tres vertientes reaccionara llenando estos vacíos y no dejando libre esos espacios por donde se cuelan los de afuera, el 2019 probablemente se resolvería entre ellos. Pero si por alguna razón quedara algún "issue" importante sin perspectiva de resolución, permitiendo amontonarlos a todos bajo el rótulo de ser partes del sistema, tal vez aparezca del otro lado un "Bolsonaro".

Aquí en nuestra patria un supuesto "outsider" debería sintonizar con la preocupación que más angustie a la gran mayoría del electorado y no haya sido resuelta por la totalidad del sistema político vigente. 

La idea sería tratar de polarizar entre los unos y los otros. Romper las viejas grietas, superándolas con un nueva línea divisoria. En relación a tal tema, de aquel lado están amontonados todos los que se sirvieron del status quo, los sistémicos, mientras que en el otro está la gente común con su indignación y cansancio a la que se pretendería representar y liderar.

Por eso no necesariamente la consigna de los antisistema de un país, funciona bien en otro. Para ganar las elecciones ese "issue" debería atender la angustiante demanda de una amplia mayoría, de lo contrario, se podrían obtener importantes resultados pero no el triunfo.

Pasando ya a los nombres propios convendría hacer una aclaración. Cuando se pretende ver con antelación este fenómeno siempre se genera un alto grado de incredulidad y profundo escepticismo. Las candidaturas de Trump y Bolsonaro un año antes de las elecciones, solo generaban burlas y rechazo por parte de los sectores cultos e informados de la sociedad.

Las encuestas que circulan profusamente por estos días nos permitirían ir un poco más lejos en esta construcción.

Si el tema dominante fuera la inseguridad, seguramente Olmedo con su prédica de años sobre el orden y la mano dura, tendría posibilidades. Si esto se confirmara, siempre existiría la posibilidad que para neutralizar esa alternativa, Cambiemos decidiera mostrar su propia versión y Patricia Bullrich terminara acompañando a Macri en una hipotética fórmula re eleccionista.

Existe también otro escenario poco hablado pero que en virtud de las últimas grietas aparecidas en el seno de la alianza gobernante, podría tener alguna probabilidad. Si el tema predominante en la elección del 2019 fuera la corrupción endémica y se produjera una fractura entre los socios de Cambiemos, causada precisamente por esta circunstancia, no sería descabellado que el huracán Carrió pudiera ocupar el lugar del "outsider", sola y con el respaldo que significa su trayectoria. Ella contra todos y favor de la transparencia, un posicionamiento que siempre le cupo bien.

Mas difícil sería analizar el caso de Marcelo Tinelli, ya que no resultaría fácil poder adjudicarle la supremacía en ninguno de los temas irresueltos. Claramente en estos nuevos escenarios no basta con ser popular y querido por muchos. Si bien el conductor de Videomatch viene de afuera de la política, es poco probable que pudiera encontrar una consigna clara que le permitiera generar los votos necesarios para ganar.

Si en cambio la crisis económica y social siguiera dominando el escenario del 2019 y el gobierno no pudiera construir una salida, fácilmente se le podría adjudicar la responsabilidad a todo el sistema, a kirchneristas y macristas por igual, abriéndose un lugar más que interesante para la figura de un "piloto de tormentas". Así un economista duro y ortodoxo como Espert podría encontrar su momentum. Mucho más si esa alternativa fuera acompañada por la experiencia de López Murphy, la solidez de Cachanosky y Etchebarne, los contactos de Bongiovanni y la energía desbordante de Milei, entre muchos otros.

Esta última posibilidad debería entusiasmar mucho a aquellos argentinos que tienen una visión liberal del mundo. La proverbial originalidad de la Argentina y sus largas décadas de descalabros económicos, permitirían que la condición de rebelde y antisistémico pudiera ser encarnada por alguien que simplemente enarbolara los principios alberdianos que nos dieron origen como país organizado. Así de sencillo, aunque planteados de una forma comprensible y potente en un lenguaje simple que permita emocionar y comprometer a las mayorías. Habría que desnudar el diagnóstico y realizar propuestas concretas y demoledoras. Sin eufemismos explicar cuál sería el camino para resolver los problemas estructurales, aunque sea empinado y con obstáculos. Nada de teorías ideológicas, ni discusiones académicas. Soluciones claras y de sentido común a los problemas acuciantes.

De esta forma no sólo se obtendría el apoyo popular necesario para ganar una elección a lo "Bolsonaro", sino que también serviría para construir un mandato bien claro para el próximo gobierno, sin tener que maquillarlo, dosificarlo, ni mucho menos camuflarlo en forma vergonzante como se viene haciendo sin mayores éxitos desde el 2015, por razones electorales y so pretexto de un más humano gradualismo.

Los plazos se van acortando y pronto sabremos si en la Argentina del 2109 habrá o no un lugar para un "Bolsonaro". Será cuestión del contexto, de la existencia de una bandera vacante y de la aparición de un personaje que reúna los requisitos necesarios y tenga el temple y la voluntad requeridos para confrontar contra viento y marea. Una combinación de factores compleja pero por lo visto en otros países, no imposible.

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