Politica

Hermetismo y máxima tensión esperando los resultados oficiales


A las 18 se cerraron los comicios en Neuquen, en medio de una fuerte expectativa ante el cruce de sondeos, encuestas y boca de urna. Todas, marcaban una fuerte disputa entre el gobernador Omar Gutiérrez que va por su reelección y el candidato del peronismo unificado Ramón Rioseco.

El 85 por ciento de los 490.000 electores fueron a las urnas. 

Si no se viola la veda, los datos se irán conociendo a través de la página oficial del escrutinio, "datos oficiales. Cabe aclarar que a las 18 cerraron las puertas de las escuelas pero aún había un importante número de electores que no emitieron su sufragio, al menos en Neuquen Capital.

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Las claves para entender quién será el próximo gobernador siguen vigentes:

1) La "provincialización" o la "nacionalización" del voto. El oficialismo machacó hasta el cansancio con que hoy se vota Made in Neuquén. Parece de Perogrullo pero no lo es. Uno de los temores de los estrategas de campaña del MPN, es que el peronismo se fortalezca y se nutra del voto bronca hacia Mauricio Macri que parece haberse consolidado en los últimos dos meses. 

Si bien es cierto que los indicadores económicos de la Provincia son mucho más positivos que los nacionales, la idea de una inflación en franca aceleración combinada con masivos despidos y suspensiones, podría llevar al electorado neuquino a elegir castigar a la gestión de Macri. 

Este voto "opositor" no está cristalizado en las encuestas, pero por eso mismo podría -en caso de verificarse- torcer el resultado final. 

2) Si habrá o no voto "útil" de Cambiemos. En las últimas horas el diputado Leandro López explicitó una idea nacida en la Rosada: que ante el riesgo de un triunfo K (pese a que Rioseco está muy lejos de ser un kirchnerista), los votantes de Cambiemos deberían votar al MPN, al que colocan en el lugar de "el mal menor". 

¿Cuántos seguirán está consigna? La respuesta a este interrogante será una de las claves de la elección. Ya que si muchos hicieran caso al pedido de López, Quiroga quedaría con el agua por debajo de la línea de flotación y ratificaría que su única supervivencia política sería refugiarse en el sello UCR. Y como todos los saben en Neuquén, Quiroga es un hábil y viejo superviviente de la política.

 3) El silencioso daño de Sobisch. El resentimiento es un antiguo motor de la política y puede funcionar cuando las condiciones se dan. El triple ex gobernador está resentido. Está convencido que la actual conducción del MPN tiene un estilo "tecnócrata y elitista". La formación intelectual del Gobernador Gutiérrez y una parte de su gabinete es a sus ojos un dato del que recela, cuando en realidad debería ser una cualidad a exhibir. 

Sobisch, anclado en los 90, con sus reclamos a lo Bolsonaro, podría captar el descontento de una porción del MPN que se siente desplazada. Este fue el fenómeno central que le permitió al vice Rolando Figueroa sumar casi 40 mil votos en las últimas internas emepenistas. ¿Habrá una traslación directa a Sobisch de ese descontento interno? 

4) Rioseco-Martinez, una fórmula parida con forceps. Tuvo que ser la mismísima Cristina Fernández de Kirchner (con el auxilio de Oscar Parrilli) la que impuso la fórmula de "unidad". La realidad sigue demostrando que esa "unidad" es solo táctica. Rioseco se define como "hijo del piquete" y admirador del Obispo Jaime De Nevares. A Cristina le agradece que haya torcido el brazo de su compañero Martínez y seguramente será un soldado -gane o pierda hoy- en octubre, pero está muy lejos de ser un K puro. Cómo sostenía Perón, hoy todos serán "compañeros", pero el electorado podría percibir esa tensión y desconfiar. 

Si a eso se le suma que desde la aparición del MPN el peronismo nunca pudo ser gobierno provincial. No lo logró Perón con más del 60% en 1973, ni con la ola Menem o el Cristinazo en 2011, lo que podría indicar que, para los neuquinos, el peronismo -además de un signo de interrogación- podría significar el miedo a lo desconocido.